domingo, 5 de octubre de 2014

Quinto día, excursión a la Pagoda del Perfume

Ayer fue un largo día, desde el amanecer con el canto de los gallos callejeros, hasta las altas horas de la madrugada. Aún así, podemos considerarlo como uno de los mejores días desde que estamos aquí, y creo que nos dejará muy buenos recuerdos. Así comienza esta historia...


Viaje hacia la Pagoda

Como estaba previsto, nuestro día empezaba de forma inusual; a las 6 tuvimos que salir de las mantas para llegar a tiempo al bus que nos recogía en la Ópera. Ya que fuimos un poco conservadores con el tiempo y quisimos dejar atrás las prisas, la suerte nos hizo encontrar una cadena de cafeterías donde desayunamos un café y un brownie, algo que llevábamos tiempo deseando. Creo que repetiremos más a menudo en esa cafetería o en alguna otra de la misma cadena, llamada Highlands.
El bus de la agencia tardó en recogernos más de una hora, que de haberlo sabido, claramente habríamos utilizado para dormir. Eramos realmente los últimos en coger el bus en aquella parada, pero una vez dentro de él la larga espera salió de nuestra cabeza, gracias a los guías turísticos, que amenizaron bastante el viaje contando tanto cosas de Hanoi como de las afueras y la Pagoda.
el bus

En ese bus de la ONU, dada su multinacionalidad,  nos sentimos como puros turistas domingueros. Pero para nada fue una mala sensación, ya que dadas las circunstancias en las que vivimos o sobrevivimos, un poco de tener todo hecho y que nos guiaran no estaba nada mal.
Tras 2 horas de viaje en el pequeño e incómodo bus, llegamos a un poblado en el que tuvimos que hacer transbordo. Esta vez no era de un bus a otro diferente, sino de un bus a una canoa. Parece que la única forma de llegar a la aldea que daba entrada a la Pagoda era por esta vía de canoas. Lo curioso de estas canoas era que las que remaban eran señoras muy muy mayores, que en algún momento de su vida habían sido campesinas. 


La hora de comer

En cuanto llegamos a la aldea, tras otra hora de viaje, nos dio la hora de comer (12 p.m. hora local). No íbamos muy convencidos, debido a los comentarios que habíamos leído en Tripadvisor, donde el único punto donde la gente se quejaba era la comida.
Allí nos empezamos a relacionar con las otras dos parejas que nos acompañaron en la canoa: una pareja de ingleses, y otra de una jerezana y un italiano, todos ellos de nuestra edad más o menos. Fue el primer momento, después de unos cuantos días, en el que hemos podido relacionarnos con gente en castellano, algo que en realidad ambos necesitábamos. Estuvimos muy a gusto con ellos y teniendo en cuenta la gente que había en la visita, fueron los mejores compañeros de viaje que pudimos tener.
La comida nos sorprendió para bien. Nos sirvieron cosas parecidas a las que comíamos en casa, pero mejor preparadas, y añadiendo alguna cosilla, tortilla francesa y patatas fritas, toda una delicia en este momento. Realmente nuestras expectativas eran muy bajas, y creemos que eso también ayudó bastante.


Preparados para subir

La Pagoda del Perfume estaba en lo alto de la montaña, y había dos formas de subir: andando o en teleférico. Nuestra sangre Bilbaina obligó a nuestro cuerpo a andar. Además, los que nos conocéis ya sabéis nuestra pasión por subir al monte jajajaja. En fin... éramos los únicos en subir andando.
El camino era bastante antiguo y lleno de escaleras, y llevaba la mente a imaginar como con tan pocos recursos y posibilidades para trasladarse hasta allí, habían construido un camino lleno de escaleras de piedra. Durante todo el camino estuvimos rodeados de puestos de venta, como si de un mercadillo continuo se tratara, solo que un 20% de los puestos estaban abiertos. Sus propietarias chapurreaban algo de inglés para intentar colarnos cualquier cosa, desde agua y refrescos, hasta galletas con la imagen de un niño cabezón trajeado.
A medida que subíamos, la alta temperatura (unos 40ºC) y humedad del ambiente (80%) nos llevaba a hacer paradas necesarias para coger aire. Avisados por el clima en nuestras mochilas no faltaba una botella de agua, pero era como beber pis de gato.
A medio camino, una pequeña pagoda que se salía del camino principal nos hizo tomar la salida. Estaba compuesta por un altar metido en una caseta, y una cueva con 3 diferentes altares, llenos de comida y dinero para ser bendecidos.
Seguir subiendo ya no era una opción, sino una obligación, así que tras sacar fotos y beber agua volvimos a sumergirnos en ese camino que podría recordar a algún videojuego como Final Fantasy. En el nos encontramos desde perros a pocos días de morir, hasta algún mono atado como mascota.



La Pagoda del Perfume

Unos minutos después de retomar el camino del que confundidos nos habíamos salido, vimos la entrada que nos llevaba a lo que habíamos venido a ver. Se trataba de una Pagoda budista metida en una cueva, y parecía que aquello llevara ahí desde antes del primer ser humano. Según las leyendas, la cueva fue descubierta por un monje hace 2000 años, pero por la historia dicen que se redescubrió por un rey de la dinastía Le en el siglo XVII. Era algo realmente impresionante, algo inexplicable con palabras. Os dejamos algunas fotos, en las que esperamos que se aprecie la belleza del sitio. En breve vendrá un vídeo.







De vuelta abajo, el guía nos esperaba para enseñarnos otra Pagoda, esta era más tradicional. Era tanto un centro de culto budista, como residencia para los monjes que cuidan la zona. Son edificios impresionantes, rodeados por montes, algo que merece la pena ver.


Vuelta a casa

Tras historias varias del guía, honestamente sin saber diferenciar cuales eran reales y cuales ficción, volvimos a Hanoi de la misma forma en la que habíamos ido. 
No cansados de tanto andar, decidimos seguir andando para relajar las piernas. Así que nos dimos una vuelta por Old Quarter, y nos topamos con un mercado nocturno impresionante: cuatro calles repletas de tiendas donde vendían todo tipo de chorraditas. Fue el momento de coger algo como recuerdo, que seguramente os gustará.


Antes de llegar a casa, decidimos pasar por una zona donde nos habían comentado que había montones de bares y restaurantes extranjeros, bien europeos o americanos. En la vuelta de reconocimiento no vimos tantos como esperábamos, pero si alguno al que probablemente vayamos.
Una vez en casa, tras un poco de charleta,  nos metimos a la cama. Después de haber pasado unos cuantos días aquí, estuvimos valorando la experiencia. Por el momento hemos encontrado cosas buenas (compañeros de casa, alumnos y clases) y no tan buenas (desorganización, comida, descanso por las noches y el jefe). No tenemos muy claro que va a ser de nosotros durante los siguientes días, si bien seguiremos aquí, nos iremos a otro lado pero viniendo a dar clases, o mandarlo todo a tomar por saco e irnos de aquí. Os mantendremos informados!

Hasta pronto!!

2 comentarios:

  1. Ya he visto lo bonita que fue la excursion.
    Respecto a lo de la casa, la idea de Moveros me parece correcta si no estáis a gusto. Podéis retomar la
    idea original de ir al primer lugar que os ofrecieron o siguen sin luz?
    Espetar a que se vayan los canadienses y ver , o si no buscaros
    algo céntrico y decente. En cualquier caso no os precipiteis. No llleváis una semana. Buscad puntos buenos. Besos

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  2. las fotos son preciosas y el sitio tiene que ser mágico....que suerte poderlo ver en vivo.
    (no incluyo en las fotos las de recuerdo vuestro jejeje)

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