viernes, 12 de diciembre de 2014

Días 62 a 67: Koh Lanta

El plan era el siguiente: coger un tren, llegar al aeropuerto de Bangkok (Don Muang); coger un avión, llegar al aeropuerto de Krabi; coger un bus, llegar a la ciudad de Krabi; buscar alojamiento, coger un ferry y llegar a una isla cercana. Vamos, tierra, mar y aire! 

30 de noviembre

Empieza la aventura

A las 5:30 de la mañana sonó el despertador y automáticamente salimos de la cama para darnos una ducha, a ver si eramos capaces de despertarnos. A las 7 estábamos montados en el tren que nos llevaría al aeropuerto de Don Muang, menos mal que íbamos con algo de margen porque salió con 40 minutos de retraso. Además no había nadie que supiera inglés en él, no sabíamos en que parada nos teníamos que bajar y los avisos sólo eran en tailandés, pero al final entre gestos y palabras sueltas nos hicimos entender y prácticamente medio vagón acabó avisándonos al llegar a la parada del aeropuerto.


Al aeropuerto llegamos con bastante tiempo, ya que es el segundo aeropuerto de Bangkok y no es muy grande, facturamos en un momentito las mochilas y estuvimos haciendo tiempo (comiéndonos unos donuts que compramos para desayunar) hasta la hora de embarque, nuestro vuelo salía a las 10:10.

Por aire

El vuelo fue rápido, para algunas más que para otros, como no, Itsaso se durmió en el minuto cero de despegar y se despertó para aterrizar. A eso de las 11:30 ya estábamos en Krabi, conocido por ser el pueblo de la costa suroeste de Tailandia del que salen los barcos a las islas. 
Teníamos descartado ir a Phuket y Ko Phi Phi, estas aunque son las más conocidas, son demasiado turísticas para lo que buscábamos. El plan era buscar un alojamiento barato (nos habíamos informado de que preguntando al llegar los precios son más asequibles que por internet), somos mochileros con un presupuesto reducido, y cerca de la playa, sin fiesta, y sin playas masificadas.


Por tierra

A eso de las 12:15 llegamos al pueblo de Krabi, la verdad que menos mal que habíamos decidido que sería un pueblo de paso, porque no había nada que hacer allí. Tras meternos en varias oficinas de turismo, en una de ellas nos dijeron que lo mejor sería que decidiéramos a que isla ir, coger un ferry y al llegar preguntar por alojamiento, y eso hicimos.


Nos cogimos un autobús que salía a las 14:00 de Krabi y en unas 3 horas nos dejaría en la isla de Koh Lanta. Y aprovechamos para comer un sandwich antes de emprender nuestro viaje.

Por mar

Para llegar a la isla de Koh Lanta Yai cogimos el bus y fuimos en él hasta llegar a un puerto. En este primer puerto pasamos de tierra a la primera de las islas, llamada Koh Lanta Noi, con un transbordador de estos en los que el bus se sube en el barco. Seguimos un ratito más en el bus, hasta llegar a otro puerto y nos metimos en otro transbordador hasta llegar a Koh Lanta Yai.


Fácil y sencillo

Sobre las 17:00 llegamos a Koh Lanta, y nada más bajarnos del minibus se nos acercó un tailandés preguntándonos si buscábamos alojamiento. En un principio dudamos, nuestras mentes no nos dejaban creernos que fuera a ser tan sencillo, pero tras aceptar ir a ver el alojamiento lo tuvimos claro. Se trataba de un bungalow, en medio de la nada, con piscina y a 30 metros de la playa, por 500 THB, unos 12,5 euros. 
MARAVILLOSO! Este descubrimiento se llamaba Lanta Sunny House y la verdad es que ha sido el paraíso. Es un conjunto de bungalows, a diferentes precios según los servicios, regentados por una familia musulmana muy agradable.



Atardecer

Una vez ya acomodados, y habiendo cogido en un principio dos noches en este hotel, decidimos ver que tal estaba la playa. Justo estaba anocheciendo, y como esta costa da al oeste pudimos ver perfectamente cómo el sol caía por el horizonte. La playa en sí es larga y tranquila, sin mucha gente y sin muchos resorts que resulten molestos.


Mango sticky rice

Ya había anochecido cuando nos empezó a entrar el hambre. Decidimos ir a un restaurante bien colocado en Tripadvisor, que nos pillaba cerca del bungalow. En esto también gana puntos nuestro alojamiento, ya que tenía mucha variedad de restaurantes cerca, y un 7/11 para poder comprar cosas básicas. A lo que vamos, cenamos en May's kitchen, un restaurante familiar con parrilla y la cocina a la vista, que daba sensación de limpieza. Cenamos pollo a la barbacoa y una ensalada de papaya, muy típica y que todavía no habíamos probado. De postre teníamos una asignatura pendiente: probar el mango sticky rice. Todo bien rico y bien de precio.

Tras este día de viaje largo, y con los deberes hechos, nos fuimos a dormir, sabiendo que nos esperaban varios días de estar "tiraos a la Bartola".

1 de diciembre

Tiempo cambiante

A eso de las 12 conseguimos salir de la cama, ya con las pilas cargadas. A estas horas no sabíamos muy bien si tocaba desayunar o comer, pero bien hicimos en ir a probar lo que nos ofrecían en el restaurante de los bungalows. Nos decidimos por desayunar, y así descubrimos los que nos darían de desayunar el resto de los días. Como era la primera toma de contacto, elegimos pancakes y tostadas, con un cafe helado buenísimo, y barato comparando con lo que hay alrededor.

El sol y la playa nos esperaban, y parecía que nada podía estropear nuestro descanso. Tras un par de horas tomando el sol y bañito por aquí bañito por allí, decidimos ir a dar un paseo por la interminable playa. Fue entonces, cuando todo estaba en calma y volvíamos de dar el paseo por la orilla, cuando empezó el chaparrón. Nos pilló a medio camino, o sea que decidimos darnos un bañito bajo la lluvia, ya que aunque llovía a mares hacía una temperatura estupenda. Una vez recogidas nuestras cosas de la arena, llegamos con todo calado al bungalow. Fue una tormenta tropical, una de esas que dura una hora de lluvia fuerte, y después vuelve a salir el sol.


Y en el momento que el sol volvió a salir, es cuando decidimos estar en las hamacas de la piscina. Un lujo, ya que estábamos solos aún estando los bungalows completos.


Para cenar decidimos cambiar, y dando una vuelta encontramos un sitio donde cenar un pad thai, esos noodles que tanto nos gustan. Tampoco es un sitio que recomendemos, así que fuera de nuestra lista.

2 de diciembre

Buen día

Esta vez si que pudimos movernos antes, y desayunando a una hora prudencial, sobre las 11 estábamos ya en la playa. Siendo previsores, nos descargamos unos cuantos libros en la tablet antes de ir, algo que agradecimos para estar a nuestro aire. Mikel también aprovechó para correr un rato por la arena, y el pobre volvió sofocado por el calor que hacía.
Para comer nos decantamos por el mismo restaurante de nuestros amigos musulmanes. Como también ofrecían comida india, elegimos unas cuantas cosas sobre unos naans (panes de pita). Todo riquísimo, y recomendable para la gente que se hospeda allí. 
Por la tarde, por no volver a la arena, y tener un poco de sombra, nos quedamos en la piscina. Perfecto lugar para leer, refrescarse o echar la siesta.
Cuando anocheció, estuvimos viendo alguna cosilla en el portátil, antes de salir a cenar. Para eso, y sabiendo lo que nos había gustado y lo que no, volvimos a nuestro May's kitchen, donde también ofrecían pescado a la brasa. Pedimos uno y alguna cosilla más, y mereció la pena otra vez. De postre repetimos con el mango sticky rice.


Mientras estábamos comiéndolo, empezó a jarrear como si no hubiera mañana. Veíamos como caía el agua, y como la carretera se había convertido en un río. Estuvimos allí esperando a que parara, pero como la ley de Murphy dice, no parará de llover hasta que hayas llegado a casa. Tras esa espera en vano, decidimos coger un Tuc Tuc, una mototaxi de esas, que a duras penas consiguió dejarnos en nuestro bungalow que estaba bastante cerca. Una experiencia más con este tiempo isleño.


3 de diciembre

Cada uno a lo suyo

Un día más sin despertador. Lo que echaremos de menos esto a la vuelta! Sobre las 12 desayunamos de nuevo donde nuestros amigos musulmanes, pero esta vez dijimos basta a los pancakes, y cambiamos radicalmente a fruta. Más que nada por probar si nos llenaba lo mismo, o eso pensamos en aquel momento. En fin, que sobre las 12:30 estábamos ya en la piscina, donde nos habíamos quedado al ver el tiempo medio nublado. Entre leer y nadar nos dio la hora de comer. Y saciamos nuestro apetito con la comida tropical que podéis ver en la foto.


Tras la comida volvimos a la piscina, pero esta vez no a leer, sino Itsas a avanzar con el blog, y Mikel al mar a bucear con unas gafas+tubo que habíamos comprado. 



Estuvimos un buen rato haciendo cada uno sus cosas, y para cuando nos dimos de cuenta ya era de noche. Por lo menos este día no había llovido, todavía...
Para cenar esta vez, con lo sano que habíamos desayunado y comido, una pizzería llamó nuestra atención. Llevábamos unos días sin comer pizza, pero aquí si no te apetece comer tailandés o indio, italiano es lo único que queda. La verdad que cenamos bastante bien, muy a gusto y algo que nos gusta mucho (ya estamos pensando en volver e ir al Pizza Vía del casco viejo). El restaurante se llama Bajen, muy cerca del bungalow, y merece la pena ir. Con una pizza cenan dos personas bien, y a buen precio.


4 de diciembre

Motovespa por la isla

Este jueves nos levantamos pronto, con la intención de aprovechar el día alquilando una moto y recorriendo la isla y sus playas. La alquilamos en los mismos bungalows, por 200 THB el día, algo así como 5 euros. 
Para las 11, y tras desayunar sano otra vez, estábamos ya en marcha, dominando la moto, pero esta vez algo diferente, ya que en Tailandia se conduce por la izquierda. Un poco lioso al principio, pero nos acostumbramos rápido.
Os dejamos una imagen de nuestra ruta, ordenada con números, para ir siguiendo las explicaciones:


Salimos de casa (Nuestro Bungalow) hacia el sur, con la idea de llegar hasta el cabo del sur. Por lo que vimos, había un faro en un islote al que se podía llegar a pie, así que tenía buena pinta. 
Pero siguiendo la carretera marcada nos confundimos de camino, y prácticamente habíamos cruzado la isla sin habernos dado cuenta de ello, hasta ese punto donde pone "NOOOO". Más que nada, nos confundimos porque las señales están en tailandés, y a ver quién es el listo que entiende su escritura. Volvimos por donde fuimos, y nos dio la impresión que, como nosotros, otros muchos motovesperos también se habían confundido de camino.

Todo el sur (desde el punto 1 hacia abajo) forma parte de un parque natural, y donde hemos situado el punto 1, aproximadamente, está la entrada al mismo. Nos salía la entrada a 200 THB por cabeza, más 40 de la moto, un total aproximado a 14 euros para ver un faro y unos monitos. Ni que fuera el bonito faro de Torredembarra! Así que se vayan a timar a otros, y ya de paso, a tomar...

Allí mismo dimos media vuelta, y nos fuimos hacia el punto 2, la pequeña playa de Ba Kan Tieng, a la que tuvimos que entrar atravesando un resort, porque no había otra entrada. Nada más llegar a la misma, la casualidad quiso ponernos allí un chico con una camiseta del Athletic! Ya sabemos que esta religión pasa todas las fronteras, pero desde que vinimos solo hemos visto a una persona con esta camiseta, y fue una vendedora de una tienda de camisetas de fútbol. Temas futbolísticos aparte, pudimos darnos un tranquilo baño, y estar relajados al sol, pues apenas había unas 10 personas en la playa.



Saliendo para comer, fuimos en busca de un sitio tailandés y barato. Pero tras una larga búsqueda, acabamos en un restaurante a pie de la playa de Klong Nin (punto 3), y comiendo un trozo de pollo a la plancha, y unos espaguetis carbonara, y no lo barato que debiera ser. Bueno, fue la mejor forma que encontramos en aquel momento de recargar energías, que estar tantas horas al sol cansa (sin intención de hacer daño a los que sufrís el mal tiempo).



Para acabar nuestra ruta, teníamos marcado ir hasta la playa del norte, hasta Klong Dao (punto 4). Era la playa que en Krabi más nos habían recomendado, ya que no tiene rocas, es grande y tampoco hay demasiada gente. Pues bien, la playa estaba bien, pero estábamos más a gusto en nuestra playa del bungalow. El 90% de la arena era húmeda, como si fuera Sopela cuando baja la marea, y estaba llena de minicangrejos venga a revolotear a nuestro alrededor.



El tiempo hasta el momento había sido estupendo. Pero justo cuando Mikel volvió de comprar bebida y comida del 7/11 para ver allí el anochecer, unos nubarrones negros aparecieron de la nada, y reconocimos que venía una tormenta tropical, otra más.



Fuimos rápidamente hasta la moto, pero ya era tarde. El chaparrón ya había comenzado, y como antes nos pasó, no tenía pinta de parar hasta que llegáramos a casa. Así que no había tiempo que perder. En cuanto salimos a la carretera, aquello parecía el Apocalipsis. Un río bajaba por ella, y sin saber cómo, nuestra moto nadaba a contracorriente por él. Qué pena que no teníamos batería en la cámara para grabar aquel momento. Y cómo no, a los minutos de llegar hundidos al bungalow, dejó de llover.

Ya cuando estuvimos secos y limpitos, fuimos a cenar a otra recomendación de Tripadvisor: Kwan's Cookery. Es de un dueño suizo, y su mujer thai, la cocinera. Pedimos unos estilos diferentes de pad thai, pudiendo elegir la cantidad de picante. Ellos, muy amables, nos dieron unos entrantes y fruta de postre, que invitaba la casa. Y para acabar, nos dieron una torre de babel para jugar un rato (no sabemos como se llama el juego, es ese de una torre de palos que hay que ir quitando sin que se desmonte la estructura). La cena a precio medio, ni caro ni barato, pero mereció la pena.

Después de un largo día con la moto, y con tormenta tropical de por medio, nos fuimos a descansar, para aprovechar en la playa el último día en Koh Lanta.

5 de noviembre

Preparando las maletas

Tras una noche de diluvio universal, donde toda la cabaña retumbaba, nos despertamos con unas ojeras del 15. El mal tiempo no nos dejaba hacer gran cosa, así que con la calma desayunamos en nuestro sitio favorito.

Nuestro plan era movernos de isla al día siguiente, cambiarnos de costa oeste a este, llegando a la isla de Koh Samui, conocida y donde los comentarios decían que había zonas tranquilas. Para ello, nuestros amigos musulmanes también funcionaban como agencia de viajes, así que después de un pequeño regateo conseguimos dos billetes de bus-bus-ferry hasta la isla, por 1300 THB, algo más de 30 euros.

Como seguía diluviando, aprovechamos el día para lavar la ropa a mano (que de bien poco serviría porque no se secaba) y para acabar la entrada de Bangkok, que se nos retrasó publicarla ya que estábamos a la espera de que nos mandaran una foto los pakistaníes (perdonadnos por ello).

Entre una cosa y otra, con el cielo encapotado, la tarde se nos había ido dando paso a la hora de cenar, donde esta vez decidimos repetir una pizza. Nos esperaba un largo viaje de unas 12 horas, y no sabíamos lo que nos tocaría comer... a ver si cuela como excusa..

Ya con todo listo, y con algunas ganas de cambiar de isla, nos metimos a la cama, sabiendo que el siguiente día, después de muchos, nos tocaba madrugar de verdad, a las 6 sonaba el despertador para prepararnos para el primer bus, pero eso ya vendrá en la siguiente entrega.

Hasta pronto!

2 comentarios:

  1. Hola guapos:¡ Que sorpresa! estáis que lo tiráis con la rapidez en el blog (me pega que la que se lo curra es Itsaso). No será por variación en los medios de transporte, menudo ajetreo, estoy agotada. Al final la recompensa merece la pena y a pesar de las tormentas la isla da una envidia que no veas. Iros preparando para el fresquito que hace por aquí y seguir escribiendo. Muchos, muchos besos. ASUN

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  2. Vaya trote que lleváis,vais a necesitar un mes para recuperaros,jaja!!!
    La siguiente entrega, desde casa,verdad???
    Ondo pasaaaa!! Itxaso.

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